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Tuesday, 17 March 2015

Viejo-Nuevo vocabulario para políticos vasco-navarros

Artículo publicado en Navarra Información (12/03/2015). Clic aquí para leer el texto en el periódico.

Estamos en plena efervescencia propagandística en tiempos de elecciones forales en Navarra. Resulta escandaloso, cuando menos, atender un poco al vocabulario político de los candidatos y candidatas de la Comunidad Foral. Curiosamente, se sigue utilizando, exactamente igual que desde la época de la II. República, la técnica de la bambalina entre nacionalistas y fueristas. Pero lo alarmante es que, si bien desde entonces se mantienen las bases ideológicas entre unos y otros, sus diccionarios políticos se han desvirtuado. Creo que ya va siendo hora de replantear una terminología más adecuada al vocabulario político foral, pues el actual está haciéndole, creo, mucho daño a Navarra.

El término que más me interesa es Euskalerría (lo escribo tal está porque esta carta está redactada en español, lo mismo que si lo escribiera en vascuence redactaría Euskal Herria). Como hay términos que, si no es desde el idioma que los crea, a penas se pueden entender, voy a ir de la mano de la Real Academia de la lengua Vasca, quien especifica que Euskalerría es “el territorio geográfico por el cual se extiende la lengua vasca o euskera”. Por tanto, la palabra que mejor definiría en castellano Euskalerría sería “el territorio del euskera o vascuence”. Descubriremos pronto que el término no goza, per se, de ninguna connotación política: se sea nacionalista o no, nadie teme definir – no debería – que “el territorio del euskera” es, en España, Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, y en Francia, las comarcas vascófonas del Labourd (Lapurdi), Baja Navarra (Behe Nafarroa) y Soule (Xiberüa). Incluso aquellos que son más reacios al vascuence en Navarra, no podrían nunca negar que la zona pirenaica del antiguo Reyno los ciudadanos se expresan fundamentalmente en tal idioma. Del mismo modo, decir “España” no es lo mismo que decir “Hispania”, en tanto que esta última responde al conjunto de países de habla castellana. De ahí que el “Día de la Hispanidad” se celebre con furor en América Latina, sin que ello suponga que las antiguas colonias vuelvan a pertenecer a la antigua metrópoli.


Ahora bien: si se desea que Euskalerría fuese un estado independiente (como pretende el nacionalismo), no quedaría más remedio que hacer lo que Sabino Arana, fundador del PNV, hizo: inventar un término nuevo, Euzkadi, para denominar dicho estado independiente. Hasta aquel momento del siglo XIX, Euskalerría era un término que definía lo ya expuesto, sin mayores matices, y muy utilizado siempre por los carlistas. De ahí que el famoso alavés Oriol Urigüen, accionista de la cabecera El Pensamiento Alavés, publicase en el primer ejemplar del mismo “este diario nace en Álava, Euskalerría, y es, por tanto, muy español”. O por ende, el último presidente de la Diputación Foral de tiempos de Franco, Don Amadeo Marco, dijera “a mí que no me hablen de Euzkadi, pues mi patria es Euskalerría”; o que el propio Diario de Navarra denominase a la Diputación Foral Navarra “la más alta institución de Euskalerría”. Las chapas que Juventudes Navarras repartieron los pasados San Fermines, con el lema “Perdona que me ría, Navarra no es Euskal Herria”, son, creo, un despropósito.

Queda pues claro que Euzkadi fue un término inventado por Arana para nombrar su proyecto. Sin embargo, los partidos de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV) denominan “Euskadi” a su región, si bien ello no responde a la realidad creada por los jeltzales. La Izquierda Abertzale (IA), por su parte, tuvo en su momento la necesidad de diferenciar su proyecto del PNV, y empezó a utilizar “Euskal Herria” para denominar aquello que Arana ya había creado. Prueba de ello es que los diversos partidos de la IA en la época de la Transición siempre utilizaban “Euzkadi” como denominación para sus partidos, por ejemplo, Euzkadiko Ezkerra.

Del mismo modo, “País Vasco”, “País Vascongado” o simplemente “Vascongadas” se utilizó para denominar a Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Denominar hoy en día Euzkadi (o Euskadi) a la CAPV es, desde el pensamiento aranista, una incoherencia: es una comunidad de provincias vascas, que al igual que Navarra, gozaron de su propia soberanía foral (independiente entre sí); por lo tanto, la unión confederal de las provincias Vascongadas es una comunidad de territorios, no Euzkadi, ni mucho menos Euskalerría – en todo caso, una parte de esta última –. No serían pocos, sin embargo, quienes se echarían las manos a la cabeza si alguien denominase a la CAPV Comunidad Autónoma de las Provincias Vascongadas. Todo porque “Vascongadas” suena a “español”.

El último punto, con cierto ridículo, es cómo denominar al idioma que se extiende en Euskalerría: los fueristas navarros rechazan “euskera” y prefieren “vascuence”, y los abertzales al revés. Lo curioso es que ese “problema” sólo lo tenemos en España: las provincias vascófonas de Francia denominan al idioma “basque”; si un sujeto se expresa en basque, dirá “euskara” o “eskuara”. Tan sencillo como que nadie dice en castellano “yo hablo français”, y en francés “je parle español”. Lo que allí parece de sentido común, no lo es aquí: un vascoparlante podrá decir, en castellano, “yo hablo vascuence” (“je parle basque”), y en vascuence “nik euskaraz egiten dut”. Y eso no es política, es el propio funcionamiento lógico de un idioma. Pero cuando un idioma se politiza, pueden ocurrir cosas tan bizarras como ésta, que pueden llegar incluso a afectar a las toponimias (por ejemplo, obligar a escribir Bizkaia en castellano, cuando en español es Vizcaya, así como en inglés es Biscay).

Creo que los políticos de la CAPV y de Navarra deberían empezar a remodelar su vocabulario. Ni Euskalerría implica política, ni Euzkadi son tres provincias, ni es un pecado decir “vascuence” ni “Vascongadas”. Del mismo modo, Navarra es Navarra, tiene sus fueros, y políticamente hablando, no es Euzkadi – a menos que algún día lo decida –, pero en cuanto que en parte habla vascuence, es Euskalerría; y decir eso, que me perdonen las Juventudes Navarras, tampoco es un pecado.

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